Un lunes por la mañana te llama un cliente tuyo, dueño de una inmobiliaria de Mendoza: «Mis consultas no llegan y a mis contactos les entran mensajes que yo no mandé». Como revendedor de hosting, sabés que no es un simple inconveniente: si una casilla de tu cartera está enviando spam, la reputación de ese dominio se resiente y los reclamos terminan llegándote a vos.
Esta guía te da un método ordenado, pensado para principiantes, que podés aplicar vos mismo y también enseñarle a tus clientes: cómo confirmar que hay una cuenta comprometida, cortar el acceso, limpiar lo que quedó dentro y dejar el dominio protegido con SPF, DKIM y DMARC, usando únicamente extensiones genéricas como .com, .net y .org en los ejemplos.
Cómo darte cuenta de que tu casilla manda mensajes que no escribiste
Una casilla comprometida no hace ruido. Nadie te avisa con una alarma: el spam sale en silencio, y lo único que ves es el efecto colateral. Estas son las pistas más claras que podés buscar:
- Avisos de «no se pudo entregar» sobre mensajes que jamás redactaste.
- Comentarios de terceros: alguien te escribe para decirte que «tu correo le mandó algo extraño».
- Una notificación de tu hosting indicando que la cuenta alcanzó su límite de envíos por hora.
- Respuestas tuyas que no llegan: los destinatarios jamás las reciben o las encuentran en no deseados.
- Cientos de mensajes en Enviados con asuntos que no reconocés.
Con una sola de estas pistas ya vale la pena revisar. Con varias, dejá todo lo demás para después y seguí los pasos de esta guía en orden.
Paso 1: verificá que el problema es real
El primer paso es salir de la duda. Abrí el webmail de la casilla que te preocupa y mirá la carpeta Enviados con ojo crítico. ¿Hay mensajes que no recordás haber escrito? ¿Asuntos en otro idioma, ofertas, enlaces acortados, cientos de destinatarios en copia oculta? Entonces el problema es real. Revisá también la bandeja de entrada, porque ahí llegan los avisos de rebote.
Al abrir un rebote, buscá la hora exacta del envío y la dirección que figura como remitente. Si es tu casilla y no la usaste vos, queda confirmado. Guardá la hora del primer envío raro, porque marca el momento en que alguien consiguió el acceso.
Importante: todavía no vacíes carpetas. Esos mensajes son tu mejor pista para entender cómo ocurrió.
Paso 2: renová la contraseña de inmediato
Aquí no hay que esperar. Una contraseña débil, repetida o robada es la puerta de entrada más común. Ingresá al panel de tu hosting, buscá Cuentas de correo y cambiá la clave de la casilla afectada. Aunque el nombre del menú cambie levemente según el panel, la opción de cambiar contraseña siempre aparece al lado de cada cuenta.
Para elegir una clave sólida, seguí esta receta:
- Más de 14 caracteres. Una frase larga con números y símbolos funciona muy bien.
- Diferente a cualquier otra clave que usás. Nunca la repitas.
- Sin nombres, fechas ni palabras que alguien pueda deducir mirando tus redes.
Lo más cómodo es usar el generador del panel y guardar el resultado en un gestor de contraseñas. Y si otras casillas comparten esa misma clave, renovála también: es el primer lugar donde probará un atacante.
Un ejemplo para tomar de referencia
Supongamos que tenés un cliente con consultora contable y tres casillas. Una de ellas pertenece a una practicante que usaba la misma clave en varios sitios. Al revisar el seguimiento de entrega, ves 900 envíos en una noche. Cambiás la clave, borrás un filtro que ocultaba los rebotes, activás la autenticación y le mandás al cliente un aviso breve y claro. Resultado: el problema queda resuelto el mismo día y el cliente valora tu atención. Convertir un incidente en una muestra de profesionalismo es parte de tu trabajo como revendedor.
Paso 3: mirá qué se envió y cuándo, con el seguimiento de entrega
Aunque ya cambiaste la clave, puede haber mensajes en cola que todavía no salieron. Para saberlo, abrí la herramienta Seguimiento de entrega (Track Delivery) del panel. Es un historial con cada mensaje saliente: quién lo envió, a quién, a qué hora y si fue entregado, rechazado o sigue pendiente.
Para interpretarlo sin complicarte, fijate en estos tres indicadores:
- Volumen: una casilla normal envía unos pocos mensajes por hora, no cientos.
- Destinatarios: desconocidos, con nombres al azar o de rubros que no tienen nada que ver con tu negocio.
- Rechazos: muchos mensajes rechazados significan que otros servidores ya miran con desconfianza tu dominio.
Si después del cambio de contraseña siguen apareciendo envíos nuevos, escribí cuanto antes a soporte técnico y contales la hora que anotaste en el paso 1. Con ese dato localizan el origen mucho más rápido.
Paso 4: desarma las «puertas traseras» que dejó el atacante
Cuando alguien consigue entrar a una casilla, rara vez se conforma con un solo uso. Suele dejar reglas escondidas: un reenvío que le manda una copia de todo lo que recibís, o un filtro que elimina los rebotes para que el dueño no se entere. Cambiar la clave no las borra, así que hay que buscarlas.
- Entrá a Reenviadores y eliminá cualquier dirección externa que no reconocés.
- En Filtros de correo, buscá reglas que borren, archiven o desvíen mensajes de forma automática.
- En el webmail, revisá las respuestas automáticas y las reglas propias de la bandeja.
Regla simple: si no recordás haberla creado, eliminala. No hay riesgo, porque cualquier regla legítima se vuelve a armar en un minuto. Y si tenés varias casillas, repetí la revisión en cada una.
Paso 5: encuentra por dónde entró el problema
Si solo cambiás la clave y no averiguás cómo se filtró, el problema puede repetirse. Hay dos orígenes muy frecuentes y los dos se pueden revisar sin conocimientos técnicos.
El dispositivo desde donde leés el correo
Un virus o una extensión maliciosa puede registrar lo que tecleás. Ejecutá un análisis completo con un antivirus actualizado, tanto en la computadora como en el celular, y desinstala lo que no reconozcas. Evitá ingresar tu clave desde equipos ajenos o redes abiertas.
Los formularios y scripts de tu web
Un formulario de contacto sin protección o un plugin viejo pueden ser usados por programas automáticos para enviar miles de correos con tu dominio. Mantené al día WordPress, los temas y los plugins, y borra los que dejaste de usar. Un sitio ordenado es un sitio mucho más difícil de abusar.
Paso 6: configura SPF, DKIM y DMARC (y entiende para qué sirven)
Imagina que tu dominio es una marca registrada. SPF, DKIM y DMARC son los tres controles que impiden que alguien más use esa marca para enviar basura. No son opcionales: hoy los grandes servicios de correo los exigen para confiar en tus mensajes.
- SPF declara qué servidores pueden enviar correo con tu dominio.
- DKIM firma cada mensaje para probar que es auténtico.
- DMARC indica qué hacer con los mensajes que no pasan los controles y te manda informes.
Abrí Entregabilidad del correo en el panel y comprobá que SPF y DKIM figuren como correctos; si hay una opción de reparar, usala. Después, en la zona DNS de dominiodetucliente.com, crea un registro TXT llamado _dmarc con el valor v=DMARC1; p=none; rua=mailto:reportes@dominiodetucliente.com. Esa política inicial solo observa y informa, así que no corre ningún riesgo de cortar correos legítimos.
Paso 7: limpia la reputación de tu dominio
Aunque ya hayas frenado el spam, es posible que tu dominio haya quedado en una lista negra. Son registros públicos que otros servidores consultan para decidir si aceptan o rechazan un mensaje. Estar en una significa que tus correos reales pueden rebotar sin que lo notes.
El proceso es simple:
- Utilizá una herramienta gratuita de verificación de listas negras y escribí dominiodetucliente.com.
- Si figura en alguna, entrá a la página de esa lista y buscá la opción para solicitar el retiro.
- Explicá en pocas líneas qué ocurrió y qué corregiste: cambio de clave, revisión de reglas y autenticación activa.
Hacelo solo cuando todo lo anterior esté resuelto. Si el spam sigue saliendo, el dominio volverá a la lista y vas a perder tiempo. Con el problema corregido, la mayoría de las listas responde en cuestión de horas.
Prevención: pequeños hábitos que te ahorran la próxima crisis
La mejor reparación es la que no hace falta. Con un puñado de costumbres sencillas podés reducir el riesgo de una cuenta comprometida a casi nada:
- Claves únicas y largas para cada casilla, administradas con un gestor de contraseñas.
- Renovación periódica: cambiá las claves cada seis meses aproximadamente.
- Actualizaciones al día en computadora, celular, WordPress y plugins.
- Una casilla por persona: compartir claves multiplica las posibilidades de filtración.
- Chequeo mensual de Enviados, reenviadores y filtros.
Y una regla de oro: nunca ingreses tu contraseña desde un enlace recibido por correo. Los mensajes que simulan ser avisos de tu hosting son un recurso muy usado para robar accesos. Escribí siempre la dirección de tu panel directamente en el navegador.
Errores frecuentes que conviene evitar
Quien enfrenta este problema por primera vez suele caer en alguna de estas trampas. Leelas antes de empezar y vas a ahorrar un buen rato:
- Quedarte solo con el cambio de clave. Si no revisás reenvíos y filtros, la puerta trasera sigue abierta.
- Eliminar la cuenta entera. Perdés historial valioso y las pistas para descubrir qué ocurrió.
- Solicitar el retiro de una lista negra demasiado pronto. Si el spam sigue, te vuelven a incluir.
- Elegir claves previsibles como el nombre del negocio seguido de un número.
- Quedarte callado. Avisar a tus contactos evita que alguien abra un adjunto sospechoso.
Cuando todo esté controlado, escribí un mensaje breve desde otra casilla explicando lo sucedido. La transparencia genera confianza y suele ser muy bien recibida.
De problema a oportunidad de servicio
Atender una casilla comprometida con calma y método fortalece la confianza de tus clientes. Ahora tenés una guía completa: señales, confirmación, contraseña, seguimiento de entrega, reenvíos y filtros, origen del problema, autenticación y reputación.
Te sugerimos armar con estos pasos un pequeño instructivo para tus clientes y enviarlo antes de que ocurra el problema. Un cliente informado genera menos urgencias y valora más tu servicio. ¡Manos a la obra!
